lunes, 11 de agosto de 2008

Apareció Radovan Karadzic después estar de trece años prófugo

La justicia, aunque a veces es lenta, al final llega, reza el dicho popular y se ajusta perfectamente al caso de Radovan Karadzic (Petnika, Montenegro, 1945), uno de los criminales de guerra más buscados del mundo. Trece años tuvieron que transcurrir para que este prófugo de la justicia se enfrente por primera vez al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) ubicado en la Haya, que lo juzgará por los delitos de genocidio y crímenes de guerra y contra la humanidad. El ex presidente de la República Serbia de Bosnia fue detenido el pasado 21 de julio en Belgrado en donde residía, oculto tras una identidad falsa y un aspecto irreconocible. A los 63 años, Karadzic además de estar más delgado, lucía una espesa barba blanca y pelo largo. A este personaje de ficción, Karadzic lo llamó Dragan Dabic y comenzó sus andaduras por enero de 2007 con una intensa vida social en la que trabajaba como vendedor de complejos vitamínicos, dando charlas y conferencias por todo el país como médico experto en terapias alternativas e incluso llegó a ser un respetado colaborador de una publicación médica.

¿Qué fue lo que hizo Radovan Karadzic? A este psiquiatra y poeta en sus tiempos libres, se le imputan once cargos: cinco por crímenes contra la humanidad, cuatro por crímenes de guerra, uno por genocidio y otro por complicidad en genocidio. Entre sus crímenes está la matanza de Srebrenica en 1995, considerada la más grave ocurrida en Europa desde la II Guerra Mundial que ocasionó la muerte de unos 8000 varones bosnios musulmanes. Además, en su sangriento currículum figuran otros hechos tristes y lamentables, como el asedio de Sarajevo que duró 43 meses y en el que Karadzic autorizó los disparos contra civiles, acabando con la vida de 12.000 personas más; la deportación de civiles por motivos de nacionalidad y religión; la destrucción de casas, tiendas, sitios sagrados y el acoso a intelectuales y políticos croatas y bosnios. A principios de los 90, Karadzic era el líder político del nacionalismo serbio en la guerra de Bosnia (1992-1995) y aliado del tristemente célebre Slobodan Milosevic. Su principal idea era la de formar una Gran Serbia con Kosovo, Montenegro y Bosnia. Él decía: “Es Serbia allí donde hay serbios”.

En 1995, con la paz de Dayton que contaba con el aval de Occidente, se intentó pasar página al desastre provocado por la guerra pero ese mismo año, el Tribunal Penal Internacional de La Haya reclamó la comparecencia de varios políticos y militares responsables del genocidio y los crímenes contra la humanidad que allí se habían perpetrado. En 1996, Karadzic se ve obligado a entregar el poder de su República Serbia de Bosnia (Srpska) y emprender una huída de 13 años que lo mantuvo alejado de la justicia. Según la declaración que días pasados expuso ante el TPIY en el que se defiende a sí mismo, Karadzic reclama la inmunidad judicial que supuestamente había pactado con Estados Unidos al suscribir el acuerdo de paz. “Estados Unidos prometió que no me juzgaría”, escribió Karadzic en la declaración de cuatro folios que se leyó en el juicio en su contra en La Haya, en dónde no se declaró ni culpable ni inocente.

Mientras Karadzic permanecía oculto en algún lugar de los Balcanes vio como caía Milosevic en el año 2000 y Montenegro declaraba la independencia de Belgrado en 2006. Pero la estocada final llegó en 2008 cuando el partido dirigido por Boris Tadic logra el poder e intenta encaminar un gobierno con mentalidad europeísta, y como si fuera poco, apoyado por el Partido Socialista de Milosevic que paulatinamente comienza a horrorizarse de su pasado.

La inclusión de Serbia en la Unión Europea está condicionada a la plena cooperación en la captura de los grandes criminales de guerra según quedó estampado en el acuerdo preliminar suscripto entre las partes en abril. La captura de Karadzic es un gran paso que dan los serbios hacia Europa, pero no el definitivo. Todavía siguen sin aparecer otros acusados por los lamentables hechos de hace más de una década. Entre ellos está el que fuera jefe militar de Karadzic, el ex general Ratko Mladic, a quien también se le imputa la matanza de Srebrenika en Bosnia. Mladic fue el ejecutor material de la masacre y los más optimistas aseguran que caerá pronto.

Serbia, el mundo entero y principalmente las víctimas de la guerra tienen la oportunidad de sacar a la luz un pasado turbio y oscuro que se esconde tras muchas interrogantes. Todos quieren y merecen conocer la verdad, que no devolverá a los muertos pero sí contribuirá a cicatrizar las profundas heridas dejadas en la vida de los miles de ciudadanos de los territorios de la ex Yugoslavia durante la guerra. Para eso está la justicia que tarde o temprano llega.

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